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Autónomo o asalariado: ventajas, desventajas y qué te conviene

Autor: Tomás Peñuelas Palacio · Última actualización: 17 de octubre de 2026 · Lectura de 6 minutos

Cuando te planteas facturar por tu cuenta en lugar de trabajar con contrato, la pregunta no es solo "¿cuánto voy a ganar?", sino "¿cuánto me voy a quedar de verdad, y qué protección pierdo o gano?". Autónomo y asalariado no son solo dos formas distintas de cobrar: cambian por completo cómo cotizas, cómo tributas y qué red de seguridad tienes si algo sale mal.

Cómo cotizas en cada caso

Como asalariado, tu empresa paga la mayor parte de la cotización a la Seguridad Social (en torno al 30% de tu bruto) y a ti solo te descuentan una pequeña parte (6,5% aproximadamente). Como autónomo, pagas tú la cuota íntegra cada mes, y desde la reforma del sistema de cotización por ingresos reales, la cuota varía según tus rendimientos netos, no es una cantidad fija para todos.

Protección social: la gran diferencia

Este es probablemente el punto que más sorprende a quien pasa de asalariado a autónomo. Como asalariado tienes derecho, casi automáticamente, a prestación por desempleo si te despiden, a bajas por enfermedad cubiertas desde el primer o cuarto día según el caso, y a una pensión calculada sobre tus bases reales. Como autónomo, el "paro" (cese de actividad) exige cumplir requisitos más estrictos y demostrar la caída de ingresos, y muchas coberturas adicionales (como algunas bajas) requieren haberlas contratado expresamente.

Vacaciones, bajas y descanso

El asalariado tiene un mínimo legal de 30 días naturales de vacaciones pagadas al año y descansos retribuidos. El autónomo no factura los días que no trabaja: si no trabajas, no ingresas, salvo que hayas previsto esa situación con ahorro propio o algún seguro privado.

Fiscalidad: IRPF y gastos deducibles

El asalariado tributa por IRPF vía retenciones que calcula la empresa cada mes, sobre su salario bruto. El autónomo declara trimestralmente el IRPF sobre su beneficio (ingresos menos gastos deducibles: material, suministros, parte de la cuota de autónomo, etc.), lo que da más margen para reducir la base imponible si tienes gastos reales del negocio, pero también más responsabilidad y gestión administrativa (o el coste de una gestoría).

El coste real que no siempre se ve a simple vista

Un error muy habitual al comparar ambas opciones es fijarse solo en la cuota de autónomo mensual y olvidar todo lo demás. Como autónomo también sueles asumir gastos que un asalariado no ve directamente: gestoría (entre 50 € y 100 € al mes en muchos casos), seguros voluntarios si quieres cubrir bajas o accidentes de forma más completa, y el propio tiempo dedicado a tareas administrativas que en una empresa asume otro departamento. Al mismo tiempo, el autónomo puede deducirse gastos reales de su actividad (parte del alquiler si trabaja desde casa, software, formación, desplazamientos), algo que el asalariado no puede hacer con su salario.

Entonces, ¿qué compensa?

No hay una respuesta única, depende de tu situación:

Un punto intermedio: el autónomo societario o la sociedad limitada

Para quien factura de forma estable cifras considerables, existe una tercera vía que combina elementos de ambos mundos: constituir una sociedad limitada y cobrar como administrador o empleado de tu propia empresa. Esto puede tener ventajas fiscales a partir de ciertos niveles de beneficio (el Impuesto de Sociedades tiene un tipo fijo, distinto de la escala progresiva del IRPF), pero implica más costes de constitución y gestión, y una responsabilidad y contabilidad distintas a las de un autónomo persona física. No suele compensar para facturaciones modestas, pero conviene tenerlo en cuenta como opción a medida que el negocio crece.

Para comparar tu caso concreto, con cifras reales de lo que te quedaría neto en cada opción, prueba nuestro comparador de autónomo vs asalariado. Si quieres entender en detalle cómo se calcula la cuota que pagarías, lee cómo funciona la cotización a la Seguridad Social.

Fuente: Seguridad Social.